
Cuando observamos el precio de los combustibles, muchas personas piensan que el Gobierno simplemente controla cuánto costará el litro. La realidad es más compleja. El precio depende de variables internacionales como las cuestiones alrededor del petróleo, el dólar, refinación, logística e importaciones entre muchos otros factores. Sin embargo, existe un mecanismo fiscal mediante el cual Hacienda intenta evitar aumentos bruscos que puedan golpear fuertemente la inflación y el bolsillo de empresas y consumidores: el denominado estímulo al IEPS de combustibles.
Cada litro de combustibles en México incorpora distintos componentes: costo internacional del combustible, refinación, transporte, margen comercial, IEPS e IVA. Es decir, no todo lo que pagamos corresponde al valor real del energético. Una parte importante son impuestos. Y precisamente ahí es donde el Gobierno puede intervenir temporalmente: reduciendo o eliminando parcialmente el IEPS para amortiguar el incremento cuando el petróleo internacional sube demasiado.
¿Cómo se compone aproximadamente el precio de un litro?

A mayo de 2026 los estímulos fiscales observados han continuado variando semanalmente conforme las condiciones internacionales. Particularmente la gasolina Magna y el diésel han recibido apoyos importantes para evitar impactos inflacionarios más severos.

El estímulo IEPS no significa que el combustible sea más barato realmente. Lo que sucede es que el Gobierno deja temporalmente de recaudar una parte del impuesto para suavizar el incremento. Y esa menor recaudación eventualmente termina afectando las finanzas públicas.
En otras palabras:
“el contribuyente termina absorbiendo indirectamente el costo del estímulo de manera diferida”
¿Por qué? Porque cuando el Estado recauda menos IEPS; aumenta presión sobre deuda pública, se reducen recursos disponibles, se incrementan necesidades de recaudación futura, o se compensan ingresos mediante otros impuestos, financiamiento o ajustes presupuestales.
Es decir, aunque en el corto plazo el consumidor perciba cierta estabilidad en gasolina, económicamente el costo no desaparece; simplemente se redistribuye o se difiere hacia las finanzas públicas y, eventualmente, hacia los propios contribuyentes.
Además, debe entenderse que el combustible tiene un efecto multiplicador enorme en la economía. Impacta al transporte, alimentos, logística, construcción, servicios, inflación general, y costos empresariales.
Por ello Hacienda utiliza estos estímulos como una herramienta de contención inflacionaria y estabilidad económica. Un aumento abrupto en combustibles podría trasladarse rápidamente a prácticamente todos los sectores productivos.
El estímulo al IEPS de combustibles funciona como un mecanismo temporal de amortiguamiento económico. Ayuda a evitar aumentos drásticos inmediatos en gasolina y diésel; sin embargo, el costo fiscal de dichos apoyos no desaparece. De una u otra forma, la menor recaudación termina repercutiendo posteriormente sobre las finanzas públicas y, finalmente, sobre los propios contribuyentes mediante presión recaudatoria, deuda o ajustes presupuestales futuros.
Lo ideal sería que se informará de manera más claro a la población por parte del gobierno detalles como los siguientes;
cuánto vale realmente el combustible,
cuánto corresponde a impuestos,
cuánto estímulo se está aplicando,
y cuál es el costo fiscal de mantenerlo.
“El estímulo al IEPS no elimina el costo real del combustible; únicamente modifica temporalmente quién absorbe parte del impacto económico.”
En PROW GLOBAL estamos listos para apoyarte a tener claro el impacto fiscal ante los diversos ajustes que realiza el gobierno e incluso a recomponer el camino previo a que entren en vigor los cambios.
Miguel Chamlaty